Los inconvenientes de contratar a un “falso autónomo” como conserje en comunidades de propietarios

En algunas comunidades de propietarios puede surgir la idea de contratar a un trabajador autónomo para desempeñar funciones de conserjería, con el objetivo de reducir costes o simplificar la gestión. Sin embargo, cuando ese profesional desarrolla su actividad en condiciones propias de un trabajador por cuenta ajena, nos encontramos ante la figura del denominado “falso autónomo”, una práctica que conlleva importantes riesgos legales, económicos y operativos.

Desde el punto de vista jurídico, la clave está en cómo se presta el servicio. Si el conserje tiene un horario fijado, realiza funciones definidas por la comunidad o el administrador, utiliza medios proporcionados por la propia comunidad y está integrado en la organización del servicio, es muy probable que exista una relación laboral encubierta. En estos casos, la Inspección de Trabajo y Seguridad Social puede determinar que no se trata de una prestación de servicios independiente, sino de una relación laboral ordinaria.

Las consecuencias de esta situación pueden ser significativas. En primer lugar, la comunidad podría verse obligada a regularizar la situación del trabajador, incluyendo su alta en la Seguridad Social con efectos retroactivos. Esto implica el abono de cotizaciones no ingresadas, recargos, posibles sanciones administrativas y, en determinados supuestos, responsabilidades adicionales.

A ello se suma el riesgo de reclamaciones por parte del trabajador. Este podría exigir el reconocimiento de derechos laborales como antigüedad, vacaciones, pagas extraordinarias o incluso una indemnización en caso de finalización de la relación. Estas reclamaciones, en muchas ocasiones, tienen efectos retroactivos, lo que incrementa notablemente el impacto económico para la comunidad.

Otro aspecto relevante es la responsabilidad en materia de prevención de riesgos laborales. En caso de accidente, la incorrecta calificación de la relación puede derivar en situaciones de responsabilidad compleja para la comunidad, con posibles consecuencias económicas y legales de mayor alcance.

Desde el punto de vista operativo, la contratación de un falso autónomo también presenta inconvenientes. A diferencia de una empresa especializada, no suele existir una estructura de supervisión, ni protocolos definidos, ni garantía de sustitución ante ausencias. Esto puede afectar directamente a la calidad y continuidad del servicio, generando incidencias en el funcionamiento diario de la comunidad.

En definitiva, aunque la contratación de un autónomo pueda parecer inicialmente una opción más económica, cuando se trata de cubrir un puesto estructural como el de conserjería, esta práctica puede derivar en riesgos importantes y costes imprevistos. Por ello, resulta recomendable optar por fórmulas de contratación ajustadas a la normativa vigente, que garanticen tanto la seguridad jurídica como la calidad del servicio prestado.