El conserje polivalente: mucho más que abrir puertas

•

Cuando se habla de contratar un servicio de conserjería para una comunidad de propietarios, urbanización, edificio de oficinas o instalación, todavía hay quien piensa únicamente en una persona situada en la entrada controlando quién entra y quién sale. Pero un buen servicio de conserjería puede aportar muchísimo más.

El conserje polivalente se ha convertido en una figura especialmente útil porque conoce el edificio, sabe cómo funciona y es capaz de atender numerosas situaciones cotidianas sin necesidad de movilizar a un proveedor especializado por cualquier pequeña incidencia.

No estamos hablando de sustituir a electricistas, fontaneros, técnicos de mantenimiento ni a ningún profesional especializado. Cada trabajo debe ser realizado por quien corresponda y respetando siempre las funciones asignadas al puesto. La verdadera polivalencia consiste en saber desenvolverse ante los pequeños problemas del día a día y, sobre todo, saber cuándo se puede actuar y cuándo es necesario avisar a un profesional.

Una bombilla fundida en una zona común, una puerta que no cierra correctamente, un cubo de basura desplazado, una pequeña incidencia en un acceso, una zona que necesita una revisión, un proveedor que tiene que acceder a las instalaciones o un vecino que comunica un desperfecto son situaciones habituales en cualquier comunidad.

Cuando existe un conserje que conoce perfectamente el edificio, muchas de estas cuestiones pueden detectarse rápidamente y gestionarse antes de que terminen convirtiéndose en problemas mayores.

Y ahí está una de las principales ventajas de contar con personal polivalente: la prevención.

Un buen conserje no debería limitarse únicamente a reaccionar cuando alguien le comunica una incidencia. Su presencia diaria le permite observar el estado de las instalaciones y detectar cambios que para otras personas podrían pasar desapercibidos.

Una fuga pequeña, una luz que comienza a fallar, una puerta que roza, una cerradura que empieza a dar problemas o un elemento deteriorado pueden parecer detalles sin importancia. Sin embargo, detectarlos y comunicarlos a tiempo puede evitar averías, gastos innecesarios o molestias para los usuarios.

Además, el conserje suele convertirse en uno de los principales puntos de información del edificio.

Conoce los horarios de los proveedores, las zonas comunes, las normas internas, los procedimientos de acceso y buena parte de las incidencias que se producen habitualmente. Esa información resulta especialmente valiosa cuando tiene que acudir una empresa externa a realizar una reparación o mantenimiento.

En lugar de que el técnico llegue sin saber dónde se encuentra el problema o quién debe darle acceso, el conserje puede facilitar la entrada, indicar la ubicación de la incidencia y comunicar posteriormente que el trabajo ha sido realizado.

La recepción de paquetería, el control de determinados accesos, la supervisión visual de instalaciones, la gestión de llaves según las instrucciones del cliente, la colocación o retirada de cubos de residuos, el encendido o apagado de determinados elementos y la comunicación de incidencias son solo algunos ejemplos de tareas que pueden formar parte de un servicio de conserjería, dependiendo siempre de las necesidades y características de cada centro.

Pero existe otro aspecto que consideramos fundamental: la actitud.

La polivalencia no significa simplemente acumular tareas. Un buen conserje debe tener iniciativa, capacidad de observación, responsabilidad y sentido común.

Hay una enorme diferencia entre pasar ocho horas en un edificio y estar pendiente de lo que ocurre durante esas ocho horas.

Precisamente por eso, cuando se organiza un servicio de conserjería, es importante conocer previamente las instalaciones. No necesita lo mismo una pequeña comunidad de propietarios que una gran urbanización con garaje, piscina, zonas comunes y varios accesos. Tampoco tiene las mismas necesidades un edificio residencial que unas oficinas o unas instalaciones empresariales.

Definir correctamente las funciones permite aprovechar mucho mejor el servicio.

También evita uno de los errores más habituales: convertir al conserje en la persona a la que se le pide absolutamente cualquier cosa.

Ser polivalente no significa que tenga que realizar trabajos especializados para los que no está preparado ni asumir funciones que no corresponden al servicio contratado. Significa disponer de una persona capaz de gestionar con criterio muchas de las situaciones cotidianas que aparecen en un edificio.

Cuando además existe una empresa detrás encargada de organizar, supervisar y realizar el seguimiento del servicio, el cliente no depende únicamente de una persona concreta. Existe una estructura que permite gestionar sustituciones, comunicar incidencias y adaptar el servicio cuando cambian las necesidades de las instalaciones.

En LVT IBERIA entendemos la conserjería precisamente de esta manera.

No buscamos únicamente cubrir un puesto durante un determinado número de horas. El objetivo es que la persona asignada conozca las instalaciones, sus rutinas y las necesidades del cliente para convertirse en un apoyo real en el funcionamiento diario del centro.

Porque muchas veces el mejor trabajo de un conserje no es solucionar una gran incidencia.

Es detectar una pequeña antes de que llegue a convertirse en una grande.